“Yo no quiero que te vayas”

Esta semana ha tocado vuelta a la rutina, en nuestro caso los peques vuelven a su espacio de juego donde tenemos la suerte de que son acompañados con mucho amor y respeto, aún así la vuelta a la normalidad, la separación de los adultos de referencia y del hogar, aunque sea por unas horas, es dura.

Hoy os cuento nuestra experiencia y cómo lo hemos gestionado para que de este paso, sin duda duro para todos, nuestros hijos obtengan un aprendizaje valioso para sus vidas.

Unos días antes de la llegada a la “normalidad”  hemos ido anticipando el fin de las vacaciones, hemos hecho recordatorio de nuestro calendario semanal donde tienen las rutinas del día con fotos para seguir el ritmo de la semana. Los peques no saben leer por lo que nuestro calendario está elaborado con imágenes propias y dibujos que marcan lo que hacemos cada día, levantarse, vestirse, desayunar, asearse, lavarse los dientes, coger los abrigos, ir a “Borboleta” (así se llama nuestro espacio), quién les recoge, qué comen, cuándo llega mamá del trabajo, cuándo llega papá, cuándo es el momento de tele… En definitiva todas las rutinas que forman parte del día y que estando visibles ellos pueden anticipar y adelantar de manera autónoma.

El día después de Reyes también recogimos entre todos el árbol, el nacimiento y todos los adornos y cuentos que tienen relación con la navidad. Ellos colaboraron guardando en cajas y ordenando de nuevo el salón con cuentos y objetos no navideños. Así han ido asociando el guardar la navidad con el fín de este momento. Las cajas las bajamos al garaje donde quedan almacenadas hasta el año que viene. El orden mental empieza por el orden físico por ello organizar espacios, guardar o clasificar ayuda mucho al desarrollo de un equilibrio emocional.

El domingo ya avisamos que era el último día de vacaciones. Podríamos haber olvidado el tema pero era un pensamiento que teníamos en la cabeza. La mayoría de los adultos, aunque sea de forma inconsciente, buscan mecanismos para afrontar el fin de las vacaciones con anterioridad. Para poner cualquier mecanismo en marcha es necesario conocer que ese momento va a llegar. El lenguaje crea realidad y lo que no se nombra no existe. Si no le ponemos palabras dificultamos que los niños reconozcan la emoción y por tanto pensamos de evitar sufrimiento, frustración o dolor y lo que estamos haciendo es evitar aprendizaje valioso para la vida. ¿Cuántas veces al año nos enfrentamos a la vuelta a la rutina? echad cuentas, no sólo en vacaciones sino cada domingo, por lo que me parece súper importante que tengan herramientas para hacerlo de forma sana…

La peque ya verbalizó en aquel momento que a ella no le apetecía ir al día siguiente a Borboleta. En este momento una gran ventana se abrió ante nosotros y sólo de nosotros dependía el paisaje que habría dibujado tras ella. ¿Sería un paisaje nublado y sombrío? ¿Uno con sol y flores?

Voy a usar para analizar el mensaje el modelo de la Comunicación No Violenta donde se entiende por violencia en la comunicación todo aquello que nos aleja del otro. Un factor  que genera mucho alejamiento en la comunicación en el juicio. Un juicio es todo aquello que no es objetivo, es decir, todo con lo que la otra persona podría no estar de acuerdo. Si una acción la definimos y ambas personas están de acuerdo quiere decir que es un hecho objetivo. Por ejemplo: “hay un pantalón en el suelo” “hay platos sucios en la pila” si en lugar de eso dijese: “siempre dejas tirada la ropa” o “nunca lavas los platos” serían juicios y no hechos. Nuestro cerebro tiene un “scaner” para detectar juicios y ante ellos hay dos posibles reacciones (que o respuestas ya que es algo inicialmente inconsciente): HUIR o ATACAR . Ninguna de ellas favorece un acercamiento amigable a la otra persona o una disposición para poder continuar la comunicación. Yo hago un gran esfuerzo por evitar juicios, por comunicar de manera que la puerta quede abierta hacia la otra persona y hay muchas ocasiones en las que no lo consigo. Como todo, es cuestión de práctica y los errores, maravillosas oportunidades de aprendizaje 😉

Este fue el comentario exacto: “yo no quiero ir a Borboleta mañana, es un rollo, es muy aburrido ir todos los días. Yo quiero quedarme en casa siempre”. La cuestión no es si es cierto o no, esa es su realidad en ese momento, así la ha expresado. Aquí teníamos varias opciones que voy a analizar en varias imágenes para saber a dónde nos hubiera llevado cada una y finalmente contaros por cuál de ellas optamos y qué pasó después. Quiero aclarar que sentimiento y pensamiento son siempre algo completamente inconsciente y por tanto no veo la conducta que se deriva de ellas como algo a evitar sino a comprender.

tabla-respuestas-nino

tabla-respuestas-nino2

tabla-respuestas-nino-3

tabla-respuestas-nino-4

tabla-respuestas-nino-5Nosotros optamos por la última opción. Conectamos primero con su emoción, validando sus sentimientos. Entendimos que para ella es difícil ese momento y nos pusimos a su disposición para buscar soluciones. En ese momento, ella siguió con su discurso, no quería ir pero vió una puerta cuándo le preguntamos qué podíamos hacer para ayudarla. Dió varias opciones entre las que estaba quedarse en casa de la abuela. Esa no era posible por lo que finalmente optó por la de llevarse su vestido nuevo de princesa Brave a Borboleta.

¿Qué sucedió la mañana siguiente?. Recordé que era lunes, día de empezar de nuevo. Después de desayunar ella recordó que se iba a llevar su vestido y se lo puso. Salimos de casa rumbo a la “normalidad”. En el coche suelo anticipar cómo va a ser la despedida para que ellos vayan elaborando sus estrategias para gestionar las emociones que puedan surgir. Les pregunto: “mamá tiene que irse rápido, ¿cómo queréis que hagamos para despedirnos?” a veces es un cuento, otras es lanzarles como una pelota, otras es un beso y un abrazo enorme…esto ayuda a ir visualizando cómo va a ser y a que se enfrenten a ello de manera más relajada y sobre todo teniendo la sensación de “control” de la situación lo cual genera mucha seguridad, sobre todo en los peques.

Llegamos a Borboleta, día de encuentros, felicitaciones y alegría de ver a los amigos y acompañantes de nuevo. Llegó el momento de la despedida, el peque había optado por leer un cuento y así lo hicimos, al terminar dijo: “adios mamá, buen día” y fue a jugar.  Ella verbalizó de nuevo que no quería quedarse allí. La recordé sus opciones de despedida: lanzarla como una pelota y lo hicimos. Lo hicimos 2 veces pero la segunda se enganchó a mi pierna y comenzó a llorar. Tuve que hacer un esfuerzo por mantener la calma, respiré profundamente y bajé a su altura buscando conexión: “veo que no quieres quedarte” hubo un silencio entre las dos y ella rompió a llorar de nuevo abrazándome con fuerza mientras decía: “Te voy a echar de menos, mamá”. Conecté conmigo primero, estaba comenzando a invadirme el miedo recordando algún episodio de miedo a la separación que hemos vivido con anterioridad y que hubo que trabajar conjuntamente con la ayuda de la acompañante de la escuelita, por lo que notaba que mis emociones me estaban invadiendo y que mi cerebro empezaba a quedar “destapado” cediendo los mandos a la parte inferior, donde no hay pensamiento, no hay control. Entendiendo lo que me pasaba, respiré profundamente. Dejé mi mente en blanco y me hablé interiormente: “Laura, el miedo es suyo, confía en ella, es capaz de buscar opciones. Esto es un aprendizaje de vida” con ese mensaje en mi cabeza, bajé a su altura de nuevo, conecté visualmente y físicamente cogiendo sus manos entre las mías, dije: “Puedes hacerlo. El momento despedida es difícil y sé que tú puedes. Yo también te echaré de menos y pensaré en cosas bonitas cuando me acuerde de que estás aquí, te haré un dibujo para dártelo luego ¿Qué se te ocurre que puedes hacer si me echas de menos?” La palabra dibujo fue clave, la ayudó a creer en ella misma, era algo que podía hacer. Preguntó si había acuarelas y la acompañante (muy pendiente y cerquita todo el tiempo) la dijo que sí. Ella me dijo que no quería decirme adiós, por lo que pensamos en otra palabra y me pidió un objeto para dejarla allí. Le dejé mi abono transporte en el que sale además una foto mía. Ella lo agarró con fuerza. Estaba lista para mi marcha. La pregunté si quería cerrar ella la puerta o lo hacía yo. Muy segura de sí misma dijo, yo cierro mamá, que tengas un buen día.

Al recogerla tenía hechos muchos dibujos para mí, de muchos colores. Todos ellos están ahora expuestos en nuestra nevera como símbolo de su valentía. Ella ha sido capaz de vencer el miedo y darnos una gran lección de vida: si confías, si esperas, si buscas en ti seras capaz de TODO.  Una vez más. ¡GRACIAS!

El próximo post propondré opciones y herramientas para acompañar estas emociones desde el otro lado, desde el lado del profesional como adulto que recibe y recoge a los peques en su aula. ¿Alguna idea que quieras compartir?

Anuncios

12 comentarios en ““Yo no quiero que te vayas”

  1. Qué bueno y enriquecedor es leerte. Me recuerdas lo que sé y con la rutina, a veces olvido.
    A Eva le sirvió llevar mi colgante el año pasado. Este año está malita. Y aún no ha vuelto. Pero yo ya he metido la pata y le he soltado lo de los amigos, después de validar lo que siente, al no obtener ser ella soluciones o propuestas…¡Qué mal lo he hecho!. Tenía que haberle dado más tiempo.
    Oportunidad de aprendizaje para mi www

    Me gusta

    1. Me alegro de que te sea útil. Estoy de acuerdo en que a veces el día a día nos puede hacer olvidar. La culpa no nos lleva a ninguna parte, me gusta tu enfoque en positivo: Oportunidad de aprendizaje, claro que sí!. Gracias por tu comentario.

      Me gusta

  2. Enhorabuena por el post! Me has dado muy buenas ideas para afrontar las direrentes situaciones… Yo por las mañanas, la verdad es que a los niños no les metemos la presión que llevamos nosotros (por eso nos levantamos bastante antes para que cuando ellos se levanten, no vayan tan a la carrera… no quita que más de un día hayamos tenido nuestros momentos de frustración…Por ejemplo, mi hija mediana hoy ha decidido que se quería bañar por la mañana, iba a entrar en bucle ella y yo (se había retrasado mucho en el desayuno) total..que tuve que coger aire, agacharme y ponerme a su altura y darle una alternativa y le comenté que si se bañaba por la mañana, iba a ser más corto y no iba a poder jugar y le prepuse que si lo dejábamos para la vuelta del cole, podría bañarse un rato largo y con los juguetes del agua… le ha cambiado la cara y ha propuesto que quería mucha agua y mucho tiempo… se ha ido a vestir solita (con ayuda) y nos hemos ido de casa contentos.

    Me gusta

    1. Muchas Gracias Cris, me encanta leer que cada mami consigue encontar su propia estrategia. Mejor que tú nadie conoce a tus hijos y es por ello que las recetas no sirven pero sí las ideas compartidas para tener un gran abanico de herramientas y soluciones para afrontar los retos del día a día. Muchas gracias por tu aportación.

      Me gusta

  3. Hola Laura, en primer lugar mil gracias por cada experiencia que compartes a nivel profesional y personal, a mi personalmente me remueve y me hace siempre reflexionar. En este caso es evidente que el reconectar con nosotros es super importante, centrarnos en el presente en ese momento en que nos necesitan y en el que el reloj suele jugar en nuestra contra sobre todo por las mañanas.
    Pero además para mi ha puesto de relieve otra situación, y es que ese día tu pequeña necesitaba dibujar. No necesitaba aprender a leer ni matemáticas, ella estaba viviendo su propio proceso y que se lo respetaran me parece de vital importancia. Bravo por ti y por esa guía que la acompañó.

    Besos y mil gracias

    Me gusta

    1. Muchas gracias a ti, tus comentarios son muy alentadores. Y tienes mucha razón, siento que las familias de nuestros espacio somos muy afortunadas por contar con profesionales con tanta calidad humana y formación para acompañar a nuestros peques con el máximo respeto y comprensión a sus necesidades, todo un regalo de vida sin duda.

      Besos

      Me gusta

  4. Hola Laura, gracias por tu post, me has dado muchas y buenas ideas aunque aún me faltan algunas… mis hijos tienen 2,5 años y cada vez que me voy a trabajar sufren muchísimo. El Niño no habla y La Niña un poco, pero no lo suficiente como para decirme qué se le ocurre a ella que podemos hacer (lo de los dibujos ya llevamos un tiempo diciéndoselo con indirectas pero siempre dice enfadada que no quiere dibujar, solo tetita o ponerse lo Zapatos para venir conmigo, pues se queda en casa al cuidado de una señora).
    ¿Cómo hacerlo cuando los niños no tienen bien adquirido al vocabulario?
    Gracias!!

    Me gusta

    1. Buenos días, me alegro de que te hayan servido mis ideas. Cuando los peques no tienen aún adquirido un vocabulario fluido yo he tratado de poner palabras a lo que veo, intentando traducir y expresar lo que ellos no podían. MI objetivo no es tanto convencer sino conectar, que entiendan que comprendo lo que les sucede y después ofrezco la posibilidad de buscar ellos su solución con una pregunta y al ser tan peques doy un par de opciones. Por ejemplo: “estoy enfadada, voy contigo” y veo que el peque se está poniendo los zapatos. En ese momento bajo a su altura, busco conexión y contacto visual. Traduzco su mensaje “te gustaría venir conmigo” y espero su respuesta. Imaginemos que es que sí, vuelvo a traducir y a exponer mi parte: “entiendo que quieras venir, nos gusta mucho pasar tiempo juntas. Ahora me tengo que ir sola, ¿como quieres hacerlo, me cierras tu la puerta, te quedas en leyendo un cuento con …..” El vocabulario facilita porque hay un intercambio pero antes los peques ya entienden todo. Podéis hablarlo también por la noche o anticipando con tiempo por la mañana, explicando que mami todos los días trabaja y planificando las despedidas.
      Ya nos contarás, un saludo!!

      Me gusta

      1. Muchas gracias por tu respuesta, me alegra ver que lo estaba haciendo bien (ya estaba haciendo lo que me propones en tu respuesta 🙂
        Además he estado varios días jugando con ella a “trabajar”: al principio ella hacía de si misma y yo de mama que se iba a trabajar, con todos los rituales que conlleva y lo que la decía. Después hacíamos cambio de roles y yo me convertía en La Niña que lloraba porque se iba mama pero cuando ella repetía lo que yo le digo por las mañanas (ella no habla tanto como para repetir la parte empática en la que traduzco cómo se siente y le digo que yo también me sentiría adí, pero sí dice que “luego volver”, pues yo siempre le digo que volveré cuando se despierte de la siesta), dejaba de llorar y le preguntaba: ¿mamà, vas a volver igual
        Que la luna, que vuelve todos los días? ¿E igual que la mamá del búho (un cuento), que siempre vuelve? ¿E igual que Gabriela (la chica que le cuida), que vuelve todos los días?
        El caso es que el viernes fue el primer día que no lloró!!! A ver si esta semana continua bien y va teniendo menos angustia 🙌🏼
        Gracias de nuevo!

        Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s