¿A qué huele el respeto?

La semana pasada en el parque con los peques viví una situación que me hizo reflexionar sobre la palabra RESPETO y NORMAS  y hoy quiero compartir con vosotros/as mis pensamientos.

La situación fue algo bastante común para mí, lo observo con normalidad en los parques, no creo que os resulte extraña, estoy segura de que muchos lo habéis vivido también. Como decía, estábamos en el parque, era un parque al que no vamos mucho pues está lejos de casa. Es grande y tiene una primera parte destinada a personas con movilidad reducida. Hay un cartel enorme en el que especificaba que esos columpios era para personas con movilidad reducida y que no se usaran, era algo parecido a este:

 

A ambos lados había dos columpios, uno más común en los parques, de esos que es una silla colgante con cinturones donde se sienta la persona y se balancea en el aire. El otro, mucho menos frecuente, era un columpio para subir con la silla de ruedas. Parecido al que os muestro en la foto obtenida de internet:

(Fuente: http://www.parquesinfantiles.es/tienda/p-2592/columpio-para-silla-de-ruedas-columpios-adaptados)

Cuando llegamos mis hijos se quedaron sorprendidos con ese columpio de forma parecida a un barco que no habían visto nunca y quisieron entrar para probarlo. Nosotros les explicamos que ese columpio era para niños que no podían caminar y que iban en silla de ruedas.  Miramos juntos la plataforma para subir, el mecanismo para balancear… les explicamos que por responsabilidad no lo íbamos a usar pues otras personas lo necesitan y no pueden usar otros. Mis hijos lo entendieron aunque  dos o tres veces tuvimos que ir a buscarles porque estaban cerca intentando pasar (la tentación, jajaja). Con paciencia volvíamos a explicar lo mismo y les pedíamos ir a otra parte.

En el rato que estuvimos, cerca de una hora pasaron muchos niños. La mayoría entraba en el recinto del columpio reservado. Los adultos no decían nada, alguno hizo referencia al peligro que suponía el columpio en cuestión, obligando a los niños a apartarse. Otros miraban y veían cómo los niños manipulaban el columpio, cómo se las ingeniaban para hacerlo partir al desconocer su funcionamiento (es increíble su creatividad)…  Unos niños mayores que mis hijos (de 9-10 años) jugaban allí dentro, estuvieron mucho rato. Mis peques se acercaron y yo les volví a dar el mensaje. La niña mayor escuchó atenta el mensaje de que este columpio lo necesitan otros niños y si se rompe no pueden usar otro. Inmediatamente le dijo a su hermano que saliera y no volvieron a usar el columpio mas. Lo que me lleva a pensar que nadie les había explicado para qué servía o para qué no.

Una madre le dijo a su hijo de 3 años que no podía pasar y el niño se quedó esperando. A los 5 minutos llegó el abuelo, quien quería ver lo que hacía el niño subido allí arriba e insistió para subirlo. El señor en cuestión, metió al niño en el columpio, sujetó la rampa metálica porque no consiguió entender cómo se cerraba con la barrera, y lo puso en marcha… la madre desde fuera decía “no vayas tan rápido que le da miedo”… en ese momento mi hija en su papel de “justiciera” se acercó a la madre y le dijo “oiga, este columpio no se puede usar, es para sillas de ruedas”. La madre rió (le debió de parecer gracioso el mensaje tan contundente de una niña de 4 años) y le dijo: “”bueno es solo un poquito, ahora sale, por un poquito no pasa nada”.

Y aquí vino mi reflexión:

Queremos que los niños sean adultos cívicos, que respeten las normas (sobre todo las que nosotros ponemos). Pero si esas normas no nos convienen entonces “por un poquito” nos las saltamos. Este día era el columpio pero cada día veo niños que pisan el césped aunque haya vallas, que saltan por los bancos, que tiran papeles al suelo, que dejan botellas o desperdicios en el parque… pero por un día, por un poco no pasa nada.

Lo que me recuerda al cuento de Jorge Bucay, “Por una jarra de vino”  de su libro (que me encanta debo decir) Déjame que te cuente. Os resumo el cuento y copio solo el final por no extenderme mucho, os animo a buscarlo si no lo conocéis para leerlo entero.

En un pueblo una vez al año los habitantes debían dar una copa de vino al rey como manera de evadir los impuestos. Todo el pueblo aceptó y se comprometió a llevar ese día su copa, echándola en un depósito común. Cuando el rey fue a probar el vino, se dio cuenta de que era agua. Extrañado lo mandó analizar y la conclusión fue la siguiente: 

“Tomemos por caso a uno de sus súbditos, cualquiera que  tenga un enorme viñedo que abarque desde el monte hasta el río. Las uvas que cosecha son de las mejores cepas del reino y su vino es el primero en venderse y al mejor precio. Esta mañana, cuando se preparaba con su familia para bajar al pueblo, una idea le pasó por la cabeza…

¿Y si yo pusiera agua en lugar de vino, quién podría notar la diferencia?

Una sola jarra de agua en 15.000 litros de vino, nadie notaría la diferencia.

¡Nadie!…Y nadie lo hubiera notado, salvo por un detalle, majestad, salvo por un detalle:¡TODOS PENSARON LO MISMO!”

Pues lo dicho…el columpio es para personas con movilidad reducida pero por una vez, por uno que lo use no se va a notar…salvo que todo el mundo piense igual y el columpio acabe roto.

Queremos que sean solidarios pero cuando se trata de renunciar a un beneficio propio, cuando se presenta una oportunidad para vivenciar lo que es realmente ser solidario y compartir (en lugar de dar limosa, como dice Alejandro Sanz) entonces, por un poquito no pasa nada. Que mi hijo disfrute hoy que ya mañana aprenderá que no siempre se puede tener todo lo que uno quiere y que hay personas que tienen otras necesidades que hay que respetar.

Queremos que entiendan la diversidad. La diferencia forma parte de la vida. Todos somos diferentes de hecho. Lo bonito es vivirlo como oportunidad de aprender del otro. Comprender al otro. Yo soy distinto puedo hacer otras cosas que tu no y por ello respeto y valoro aquellas las que tú puedes hacer y aprendo de ellas.

El principio fundamental en la psicología individual de Adler es la IGUALDAD entendida como iguales en dignidad y respeto siendo diferentes en responsabilidades, cualidades, potencialidades…

Queremos que sean responsables que actúen “bien” cuando no estemos presentes, que tengan valores que les lleven a diferenciar el bien y mal sin que haya una persona presente que se lo recuerde. Pero en las oportunidades del día a día para desarrollar esa responsabilidad social elegimos individualidad, aprovecha ahora, solo una vez, solo un poquito y a la sociedad ya se verá, total por uno, por un poquito….

Otro principio de Adler que me encanta es el concepto de RESPONSABILIDAD SOCIAL. Yo como individuo soy importante para la sociedad de la misma manera en que mis actos y acciones lo son. Si mis actos no cuidan a la sociedad las consecuencias son nefastas para todos porque cada vez nos vamos desligando del grupo, de la necesidad del otro, de la importancia de cuidarnos, de respetarnos para tener una sociedad justa y no violenta…¿os suena?

La responsabilidad social no es lo mismo para todos. Si no a cada uno lo que necesita en ese momento. Mis hijos no necesitaban subir a ese columpio, había otros para ellos.

También reflexioné sobre la norma en sí. Me pregunté ¿qué hay de malo en que usen el columpio? ¿No es un poco exagerado decir que no se use? ¿No sería mejor decir, usar con responsabilidad? ¿no sería más correcto decir que tienen preferencia las personas con movilidad reducida?…sea como fuere la norma estaba ahí, estaba escrita en el cartel y yo sería muy incoherente si dijera “venga esta norma no me parece justa, la cambiamos, nuestra familia puede cambiar las normas establecidas en un espacio social común cuando no nos parezca razonable….” Sin embargo, si quiero que mis hijos desarrollen el pensamiento crítico y busquen respuestas, en el  caso en el que me hubieran dicho que no entendían la norma (que no fue el caso) mi respuesta sería “esta norma está establecida así, si queréis podemos preguntar al ayuntamiento el motivo y dar alguna idea de lo que nosotros proponemos, mientras nos responden, vamos a respetar lo establecido”

Otra reflexión fue acerca de la palabra RESPETO, me parece muy abstracta y que puede dar lugar a muchas interpretaciones. Hoy mismo, de nuevo en el parque, mi pequeño estaba jugando solo en el tobogán mientras su hermana estaba con dos amigas buscando frutos. Él ha querido jugar y no ha encontrado “su sitio” no se sentía perteneciente así que ha comenzado a reir en voz alta. Una de las niñas, de 7 años, le ha dicho con tono alto ¿de qué te ries? y él ha continuado… la niña no se ha sentido respetada y le ha lanzado un puñado de arena a la cara… en esta situación podría hablar de respeto en muchos de los momentos, pero a  mi hijo de 3 años recién cumplidos, mi explicación le quedaría lejísimos de su comprensión. Le he explicado que él reía y la niña se enfadaba. Con cara de sorpresa me dice “mamá pero la risa no enfada”… así que he tenido que definir la explicación un poco más.

Así que uniendo esta reflexión a la del columpio del parque, creo que es difícil que todo el mundo tenga el mismo concepto de respeto y que deberíamos hacer un esfuerzo por aunar conceptos comunes en aquello que nos afecta a todos. En definitiva, hay que apostar por desarrollar desde la primera infancia el concepto de responsabilidad social.

He hecho una casita con los ladrillos que en mi casa significan respeto.

 

Espero que os guste y me mandéis vuestras ideas para sumar ladrillos y hacer que la casita crezca 😉

Recordad que crezco gracias a vuestros comentarios y aportaciones.

Buena semana!

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