Convivencia en las aulas. La clave de pertenecer y ser importantes

Tras la formación intensiva de principios de este mes compartiendo con un grupo de diversos profesionales de la educación, me apetecía mucho dedicar un post al trabajo en el aula, al trabajo con grupos de personas.

Los que me conocéis sabéis que me apasiona la enseñanza, me apasiona el mundo de las aulas, los grupos y sobre todo, el reto de  trabajar codo a codo con los profesionales para mejorar el clima y la convivencia de la clase, grupo o centro, cosa que parece que cada vez se nos resiste más y deja mucha desmotivación, frustración, tristeza y desesperación entre las personas que se enfrentan cada día a esas situaciones complicadas.

Mi labor acompañando a los profesionales en algunos centros de secundaria en el llamado “plan de mejora de la convivencia” durante más de 10 años, me ha dejado muchas experiencias valiosas, muchísimo aprendizaje y muchísima comprensión y reconocimiento hacia un sector profesional, que en nuestros días, está pasando a ser uno de los menos valorados por el resto de profesionales, por familias, y por los propios alumnos/as. Y sin embargo tienen en sus manos lo más valioso de nuestras vidas: los niños/as que serán nuestro futuro. ¿cómo podemos no valorar a las personas a las que entregamos cada día nuestro tesoro más preciado? ¿Cómo podemos pensar que su trabajo no es importante, que trabajan poco y cobran mucho personas que dan su ilusión, su tiempo, su esfuerzo y su vida a educar los que serán nuestros futuros gobernantes o ciudadanos de la sociedad?

Hemos llegado a pensar que la función de un profesor es la de enseñar y no la de educar,como si fueran cosas excluyentes, lineas paralelas que nunca se llegan a encontrar. Y a mi parecer eso no es así. La escuela es un lugar donde aprendemos y podemos practicar  la verdadera socialización, es una oportunidad para conocer personas provenientes de distintos contextos, distintas culturas, distintas experiencias de vida a las propias y vivenciar habilidades y valores de vida que podremos poner en práctica en otros espacios futuros donde conviviremos en grupos también: universidad, trabajo, amigos, etc. Es un lugar donde niños, adolescentes y docentes conviven 7 horas al día, en algunas escuelas más. Aprendemos a colaborar con nuestros compañeros de trabajo; A valorar la diferencia y a establecer puntos de vista diversos al nuestro; A cuidar del otro y a hacernos respetar por el otro; A ser responsables;  A tener una función que repercuta en otras personas y a vivir cómo repercute lo que otros hacen en mi vida; A ser valorados por nuestros éxitos, por superar dificultades, por conseguir avanzar en aprendizajes y por estar motivados a seguir aprendiendo … Por supuesto, como he dicho en otras ocasiones, esto debe ir en paralelo a lo que vemos y aprendemos en casa y en otros contextos, sin excluirnos, ya sabéis que a mi lo que me gusta es SUMAR.

Podría seguir y no terminaría de explicar por qué creo que la enseñanza debería valorarse con mayúsculas por parte de toda la sociedad. Mi post de hoy va encaminado a hablar de convivencia, normas y de clima en el grupo-aula. Mi intención es dar algunas claves e ideas para que el día a día sea más armónico, para que todos los participantes, alumnos/as y profes encuentren un lugar de aprendizaje desde el bienestar. Espero que os sea de ayuda.

El ser humano es un ser social, en nuestros instintos gregarios llevamos impresa la necesidad de estar en grupo para garantizar la supervivencia. En su momento, pertenecer al grupo era sinónimo de sobrevivir y estar solo lo era de morir ¿Cómo sería posible enfrentarse a bestias tan enormes como el mamut si no era en grupos?  El hombre tiene muchas cualidades y ser fuerte y grande en la naturaleza salvaje no es una de ellas por lo que agruparse, crear estrategias de defensa y ataque es lo único que ha hecho que hoy sigamos vivos. Esta información la tenemos en nuestro cerebro más primitivo, ha ido pasando generación tras generación y permaneciendo en nuestro inconsciente, grabado a fuego hasta día de hoy.

Por tanto, todo ser humano necesita saber que pertenece al grupo del que forma parte. Esto también lo defiende la psicología adleriana como uno de sus principios fundamentales. “SOY HUMANO Y NECESITO PERTENECER” .

Hay otra necesidad que va unida, que también defiende la psicología individual y que es importante tener en cuenta en las aulas. Todo ser humano nace con un sentimiento de inferioridad que tratará de compensar a lo largo de su vida, esa necesidad de compensación se hace a través de la percepción que nos llega del mundo, de la interpretación que hacemos de las situaciones. En base a esas interpretaciones (que ya vimos en  otro post, son subjetivas y propias) elaboramos una creencia de vida que nos lleva a actuar para conseguir ser IMPORTANTES y compensar así ese sentimiento de inferioridad.

Ser importante y pertenecer en un grupo de amigos es tarea más fácil pues los elegimos, seleccionamos a las personas con las que estamos a gusto y compartimos tiempo, hobbies, etc. Los grupos en las aulas son grupos impuestos, es decir, que no elegimos a las personas con las que coincidimos,vienen elegidas e impuestas por otros, igual que en otros contextos como el laboral. Por ello, cuando los integrantes de un grupo clase se encuentran parten de cero en lo referente a sentimientos de pertenencia e importancia. El objetivo de cada alumno/a será conseguir ambas cosas. Y el papel del docente es fundamental los primeros meses para favorecer que todos y cada uno encuentren su lugar de manera positiva para ellos mismos, para el aula y para el resto del grupo. A veces ocurre que ya vienen de otros cursos con esos roles establecidos, etiquetados y teniendo un papel claro en el grupo que no favorece la convivencia armónica y que está asegurando la pertenencia o la importancia de ese individuo así. En estos casos la misión del profesor, si quiere cambiar la situación, es  observar esos roles, recoger todas las cartas dadas y repartir de nuevo la baraja para que cada uno tenga un nuevo papel en el grupo en beneficio de todos, incluido de sí mismo. Todas las personas tienen cualidades que a veces se enfocan de manera errónea generando malestar en el otro. El papel del educador es enfocar esa cualidad hacia el beneficio propio y del grupo. Por ejemplo: tener carisma puede ser una cualidad valiosa para la vida. Usar ese carisma para boicotear actividades , arremeter contra otros, hacer que otros realicen acciones no permitidas, etc puede no serlo tanto. Por eso si el docente, como detective, observa un alumno con capacidad de liderar es importante que guíe esa cualidad hacia el bien común del grupo.

Por tanto, en las aulas, tenemos individuos con dos necesidades fundamentales: pertenecer y ser importantes. Con la necesidad de sentir que importan a los demás y también que aportan al grupo y a los demás. ¿Qué sucede cuándo esas necesidades no están satisfechas? ¿Qué sucede cuando el alumno/a siente, PERCIBE,  que no está perteneciendo en ese momento o que no es importante para ese grupo? que buscará a toda costa satisfacer y compensar el malestar INCONSCIENTE que le genera esa necesidad no satisfecha. Es entonces cuando aparecen sentimientos conscientes que nos generan malestar y que nos llevan a realizar comportamientos que desde fuera pueden parecer inadecuados aunque su objetivo, desde dentro, sea paliar un malestar.

Si hay un alumno que no encuentra pertenencia e importancia (en su creencia subjetiva) de manera adecuada para el contexto del aula: en silencio, trabajando, haciendo sus tareas, colaborando con el grupo ¿qué hará? levantarse, llamar al profesor, molestar al compañero, hacer ruidos, mandar notitas, desafiar…¿os suena verdad?

Si además el adulto reacciona viendo solo el comportamiento y no la necesidad, puede optar por herramientas como recriminar, sermonear,castigar, echar de clase, sancionar, expulsar… lo cual le aleja todavía más de conseguir esa pertenencia y le hace sentirse todavía más insignificante. Su necesidad sigue quedando insatisfecha. Se crea así una espiral que va creciendo en comportamientos disruptivos y que está cada vez más lejos del objetivo de formar parte de ese grupo. Llega un momento, generalmente en secundaria, que la espiral es tan grande que cuesta mucho ir deshaciéndola, esa lógica subjetiva e inconsciente se ha reafirmado, convirtiéndose en un estilo de vida que en ocasiones le aleja de la norma social y le empuja a integrarse en grupos o bandas que le hacen sentir parte o convirtiendo a esa persona en un ser inseguro con dificultad para relacionarse con otros de manera sana y equilibrada….

¿Cuál es mi propuesta?

Centrarnos en que cada alumno pueda encontrar su pertenencia e importancia desde el inicio en beneficio del grupo. Siendo el principal responsable el líder de ese grupo que tendrá que decidir qué papeles necesita para que el barco en que se han subido todas esas personas funcione y no naufrague.

¿Cuál es el destino de ese barco? es la primera pregunta que cada docente debe hacerse a sí mismo, a solas, en calma, de manera reflexiva. ¿A dónde quiero guiar a mi clase? ¿cuál es mi orilla? ¿Y qué forma mi mapa? Sin mapa ni brújula un barco puede naufragar, puede quedarse en la deriva y necesitar que otros le rescaten, puede perderse. Por tanto el primer ejercicio para tener clara la ruta y poder “capitanear” con conciencia es hacer un mapa:

De modo que la primera tarea es saber que todos/as estáis en el mismo barco. ¿cuáles son las partes necesarias para que avance sin que unos se cansen mucho y otros nada? ¿cómo hacer que sortee tempestades, rocas, y que consiga su objetivo? ¿Cuál es mi ruta, mi punto de partida y mi puerto para desembarcar? ¿cuál será el combustible?¿cómo lo conseguimos?

Se habla mucho de normas de convivencia, de establecerlas de manera democrática y es frecuente que en las aulas cuelguen carteles con las normas de esa clase “elegidas” por los alumnos/as. Digo “elegidas” porque en realidad corresponde a un patrón establecido y los grupos escriben y expresan lo que saben que el profesor quiere oír o leer:

-No hablar en clase

-Salir en orden

-Hacer las tareas

-Respetar…

Sin embargo cada una de esas palabras tiene una interpretación personal, que depende de uno mismo, de nuestras circunstancias, de nuestro contexto, de nuestro momento…. habría que especificar de manera no abstracta sino real qué decimos y qué hacemos en  nuestra clase para cooperar con cada una de esas normas:

Respeto en esta clase es: respetamos cuando tenemos en cuenta al otro y a nosotros mismos.

QUÉ HACEMOS PARA QUE HAYA RESPETO QUÉ DECIMOS PARA QUE HAYA RESPETO
-Pedir por favor, dar las gracias

-Pedir permiso para pasar

-Pedir las cosas y esperar a que nos las den si están ocupadas

-Preguntar si te puedo ayudar

-Preguntar si necesitas algo

-Buscar soluciones hablando

-Parar cuando alguien dice que le molesta

-Pedir ayuda al profe si no puedo solucionarlo solo

-Escuchar en silencio cuando otro habla

-Esperar el turno para hablar. Levantar la mano o hace una señal

-Trabajar en mi sitio….

-Me das por favor un lápiz

-Gracias por darme el lápiz

-Cuando acabes me das la tiza por favor

-¿Necesitas ayuda para ….?

-¿Te hace falta un sacapuntas?

-No me ha gustado cuando …

-Esto no es un juego para mí

-Necesito ayuda profe,

 

Se me ocurren muchas más cosas pero lo suyo es que cada clase pueda elaborar sus normas de manera concreta, sabiendo qué se espera de ellos y cómo pueden hacerlo.

Una vez definidas todas las actitudes que en nuestra clase nos van a ayudar a tener un año fantástico a todos/as habrá que ir revisando pues las normas no pueden ser algo fijo, para siempre, sino que podrán ir modificándose con la evolución del grupo. Podemos tener un código que nos ayude a valorar si vamos por buen camino o hay que cambiar algo, por ejemplo, ¿Pensáis que estamos cumpliendo en pedir las cosas por favor?¿Cómo vamos con la tara de trabajar en silencio? pulgares arriba es sí, pulgares al medio algunas veces, pulgares abajo casi nunca. O colores: rojo sí, amarillo a veces, verde no… etc. Si la mayoría piensa que casi nunca se cumple con lo propuesto habrá que pensar alternativas y pararse a modificar esa parte para que todo el grupo esté a gusto. Cuando digo alternativas no me refiero a que haya que castigar o premiar sino a que entre todos hagamos un listado de propuestas para poner solución y poder seguir navegando hacia ese puerto.

Si la norma de llegar puntuales tras el recreo no se está cumpliendo podemos pensar posibles alternativas: Avisar 5 min antes, que haya un encargado del tiempo cada día que avise  a los que se despistan con frecuencia, ir al baño antes o avisar antes del final para poder ir…. etc. Como veis son soluciones que enseñan responsabilidad personal y no generan resentimiento ni sensación de injusticia pues la propuesta así como el cumplimiento dependen de uno mismo o del grupo.

Otra propuesta para hacer a todos los miembros pertenecer es tener un listado de responsabilidades en el aula, tantas como alumnos/as haya… es posible pensar en 26 tareas o responsabilidades, no niego que sea todo un reto y he comprobado que si se hace entre varios profes salen hasta muchas más: abrir puertas de clase, cerrar puertas de clase, regar plantas, repartir materiales o pinturas, llevar el tiempo, pasar lista, revisar percheros….  esas tareas irán rotando cada cierto tiempo. Es importante que cada alumno/a tenga su responsabilidad y que no haya nadie que tenga que esperar una semana para que le toque hacer algo para el grupo. Sino que todo el grupo siempre colabore para su beneficio común.

Una última propuesta por hoy para no alargarme mucho más…. hacer que cada uno se sienta importante.Dedicar un tiempo a cada uno para que sepan que importan que son únicos y que les valoramos por ser… Comparto algunas acciones  que os pueden ayudar a generar un ambiente de importancia. Estas dinámicas no tienen el objetivo de alabar o de reforzar conductas, no debería haber intención de ese tipo sino honestidad. Si cada profe es capaz de pensar una cosa positiva de cada alumno estará centrándose en fortalezas y dejando de lado, aunque sea por un minuto, las debilidades o limitaciones que son las que día a día solemos resaltar incluso de nosotros mismos. También acompañamos dando ejemplo de cuidar al otro y de fomentar el autoconocimiento y la valoración del otro.

-Tener un mural formado por algún elemento propio de cada alumno/a: silueta, mano, flor pintada, ladrillos simbolizando un muro, partes de un barco…. dejar una vez a la semana un postit o mensaje a cada alumno sobre aspectos positivos que podáis resaltar: esta semana has conseguido… me ha encantado cuando…. has sido capaz de …..

-Entregar un mensajito positivo para que se lo lean en casa.

-Hacer una ronda de cumplidos entre todos los compañeros diciendo algo que nos ha gustado, algo que ha hecho otro compañero por nosotros o algo que hemos visto en el otro que nos ha gustado.

Seguro que se os ocurren muchas más opciones que estaré encantada de leer. Así como vuestras opiniones y comentarios siempre que sean para crecer sumando.

¡Buena semana!

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