Premios, castigos y consecuencias… ¿educación para el futuro?

Hola de nuevo, hoy quería escribir sobre los orígenes de mi planteamiento educativo, sobre para qué buscar alternativas educativas al conductismo en la educación y en la crianza.

Como ya sabéis estudié educación social y después psicopedagogía. En ambas carreras la única opción como herramienta educativa de la que nos hablaron fue el conductismo. De hecho teníamos como asignatura la modificación de conducta donde nos enseñaban las técnicas y cómo aplicarlas: castigo, tiempo fuera, consecuencia positiva, consecuencia negativa, refuerzo positivo, ignorar la conducta, economía de fichas, contrato de contingencias…. Durante muchos años esa fue mi metodología en grupos. Y muchos me preguntan ¿pero funciona? pues depende de lo que entendamos por funcionar. Si nos centramos en el corto plazo, en el control del comportamiento instantáneo, en la obediencia inmediata al otro, en que el otro haga lo que yo quiero…. puede que parezca que sí. Si nos centramos en educar a largo plazo, en conectar con la persona, en generar relaciones de confianza y honestidad, evitar malestar o dolor emocional, pensando en adquirir valores personales que permanezcan en cada individuo independientemente de quien esté observando o no…entonces no, no funciona.

Sinceramente en adolescentes, donde tengo mucha experiencia y donde he visto más claro los efectos a largo plazo, todas esas herramientas tenían fecha de caducidad, llegaba un momento en que no servían, lo cual obligaba a a estar en una lucha constante que generaba malestar en todas las partes, culpabilidad, enfado, era como un bucle del que no podías salir…lo recuerdo como un desgaste constante. Me viene a la memoria una conversación con una de las adolescentes de un centro de menores, con la que cree un gran vínculo y pasábamos horas reflexionando sobre cosas de la vida y del centro, me dijo: “Laura yo aquí hago lo que quieran, cuando quiero, pero no soy así” y ¿cómo eres? la dije yo: hubo silencio…. y me dijo, “supongo que soy mala, eso se me da muy bien”. Su respuesta me hizo reflexionar mucho sobre el sentido de castigar a los que ya estaban castigados (no sólo por el hecho físico de estar encerrados sino también castigados por sus circunstancias de vida) ese sería otro tema. Ya en ese tiempo intentaba buscar alternativas, promover otra manera de llegar a ellos, comprender y que la necesidad de cambio partiera de sí mismos, de su interior… en muchísimos casos no lo conseguí. En otros sí.

Empecé verdaderamente en el camino de la consciencia educativa, sobre todo a raíz del nacimiento de mi primera hija. Buscando respuestas a nivel personal las encontré a nivel profesional. Entendí que mi labor se quedaba coja no por lo que yo hiciera o por cómo fuera ese “chaval” sino porque nos estábamos quedando en la superficie y lo que estábamos haciendo con esas técnicas era en realidad perpetuar los comportamientos que queríamos evitar, estábamos creando dependientes de control externo, adictos de aprobación y expertos en manipulación y engaño del otro.

Analicemos las características de  las técnicas de control conductista, premios y castigos fundamentalmente:

-Se llevan a cabo desde una posición de poder, es mi mirada la que juzga cuánto vale el otro. Tiene que haber alguien por encima para aplicarlas. Enseñamos a perpetuar el mensaje “hay personas por encima de otras”, unos ganan y otros pierden. ¿Dónde querrá estar nuestro hijo/a? ¿dónde querrías estar tu?

-Otro mensaje oculto es “no te acepto como eres porque yo quiero que seas…” por lo que enseñamos a manipular y a querer cambiar al otro en lugar de aceptar incondicionalmente al otro. De la misma manera que enseñamos que las personas para que nos quieran pueden pedirnos que seamos como ellos quieren… ¿dónde sitúa eso a nuestros hijos/as en sus relaciones con amigos/as, novios/as, parejas?

-El ingrediente fundamental para que funcionen es el miedo, miedo a obtener un castigo o miedo a no obtener un premio pero no me moviliza una responsabilidad personal sino una necesidad de evitar el resultado.

-Genera desconfianza y engaño, pues la supervivencia nos lleva a contar mentiras al otro para evitar el malestar que nos genera el castigo o la no obtención del premio.

-Enseñamos que lo que importa es el resultado, nos da igual cómo se llegue a ello. No tener castigo o conseguir el premio se convierte en lo más importante, lo único y el aprendizaje, el valor o la habilidad de vida, los sentimientos que tenga no importan.

-Y una última característica pero muy importante también es que con este tipo de educación estamos legitimando la violencia. No me refiero a una violencia física (que a veces también, con el “azote a tiempo”) pero sí a una violencia transversal, sutil y oculta, pero dañina igualmente. ¿qué diremos a nuestros hijos/as cuando castiguen a sus hermanos/as o a algún amigo/a que no haga lo que ellos quieren?¿qué sucederá cuando castiguen a sus parejas sin hablarlas, sin afecto en lugar de dialogar en busca de soluciones?¿Y si llegan a ser jefes y el castigo es hacia sus empleados? no creo que nos parezca tan correcto entonces.

Siguiendo la imagen del iceberg que nos proponía Dreikurs y que la disciplina positiva continua compartiendo en sus talleres y formaciones, el comportamiento,lo que vemos sería la parte superior que flota del iceberg lo que es observable desde la superficie. Mientras que las creencias inconscientes, lo que no vemos pero sentimos o pensamos estarían en la parte inferior, la parte oculta, la que está debajo del agua y no percibimos a simple vista y que es la que hace a ese iceberg consistente en el tiempo.

Si como adultos nos quedamos en la superficie, no valoramos ni cambiamos creencias, por lo que seguramente ese comportamiento, si cambia o se modifica temporalmente, vuelva a salir de otra manera a la superficie para expresar lo que sigue estando debajo.

En neurosicoeducación, he aprendido que todo ser humano está formado por la unidad cuerpo-cerebro-mente-medio ambiente. Lo que percibimos, es decir toda la información que nos llega a través de los sentidos, nuestro cerebro necesita interpretarlo y lo hace en base a experiencias vividas y almacenadas en la memoria, sobre todo a lo que almacenamos en la memoria emocional. Lo que sentimos nos lleva a tomar decisiones y a reaccionar o comportarnos de determinada manera por instinto, impulsivamente, sin pensar. La función principal de nuestra unidad cerebral es la SUPERVIVENCIA, en base a ello clasifica esa información como amenaza para la supervivencia (DOLOR) o beneficio para la supervivencia (PLACER). Tenemos estructuras (como la amígdala) cuya función es clasificar la información recibida en menos de 125 milésimas de segundo, en una de las dos direcciones. En ambas respuestas se ponen en marcha muchas sustancias químicas que a su vez activan otras partes del cuerpo: adrenalina para huir, cortisol para dar respuesta al problema, dopamina para generar sensación de placer, etc. Por eso esas reacciones son inconscientes y no controlables. Por ejemplo: no puedes controlar la palpitación acelerada ante un estímulo de miedo.

Si la clasificación es hacia placer, enviará la orden de acercarnos al estímulo o a la situación. Si la clasificación es de dolor enviará el mensaje de huir, luchar o quedarnos paralizados. Esas acciones en su día nos sirvieron para sobrevivir, por ejemplo del ataque de otros animales, por eso siguen en nuestra memoria. Usando técnicas de control conductistas este sistema natural de recompensas y protección se ve afectado, alterado desde fuera generando desequilibrio y malestar ya que se produce entonces una lucha interna, mi cuerpo segrega sustancias para poner en marcha respuestas que no puedo poner en práctica porque me castigan…¿qué hago con toda esa química ahora?

Además de este sistema que sería mucho más complejo y largo de explicar y exponer, hay variables psicológicas que se ven afectadas con el uso de premios, castigos, amenazas, consecuencias no naturales (el término consecuencia se usa para determinar todo aquello que viene tras un comportamiento. Visto así, todo comportamiento tiene su consecuencia, siempre. Lo que sucede es que el ansia de educar a corto plazo, en ocasiones, nos lleva a imponer castigos ocultándolos con el nombre de consecuencia, “para que el niño aprenda”. Por ello, para mí, si hay intervención del otro ya no es consecuencia y se convierte automáticamente en un castigo) voy a ir analizándolas. Son: el locus de control interno, el desarrollo de la indefensión aprendida, la obediencia ciega y el desarrollo de la moralidad heterónoma.

El llamado locus de control es la motivación personal que nos lleva a desarrollar habilidades como el autocontrol o la responsabilidad. Puede ser interno o externo. Con el locus externo, las personas responsabilizan a otros de lo que les sucede y no tienen capacidad autocrítica para con sus acciones, sentimientos o emociones.  ¿os resulta familiar en el día a día? Si se desarrolla de manera interna, la persona se hace responsable  de sus actos y crítica con sus acciones. ¿Cuál creéis que desarrolla el conductismo? el primero, dado que el control de tu conducta depende del control externo que ejerzan otros.

Si educamos desde la autorregulación el porcentaje de desarrollar el locus interno aumenta considerablemente. Por tanto, evitando el conductismo tendremos adultos responsables de sus propias acciones y de sus emociones, capaces de tener las riendas de su vida porque no dependen de condiciones externas sino de ellos/as mismos.

Cuando nuestro objetivo es controlar al otro y que todos sigan el mismo ritmo de aprendizaje, estamos promoviendo la llamada indefensión aprendida. Esta teoría la desarrolló el psicólogo Martin Seligman. Hizo un experimento en el que sometió a descargas eléctricas a dos grupos de  perros enjaulados, en uno de los grupos los perros tenían la opción de liberarse de las descargas accionando una palanca mientras que en el otro grupo los animales no tenían opción de huir. Se observó que después de un tiempo, el grupo de animales que no tenía palanca actuaba con pasividad, dando por hecho que hiciera lo que hiciera no iba a poder cambiar la situación.

En las personas es muy fácil ejercer esta presión y que se desarrolle esta sensación porque le damos mucha importancia a la aceptación y a la aprobación del grupo.Somos seres sociales, está almacenado en nuestra memoria instintiva porque del grupo dependía nuestra supervivencia.No necesitamos una palanca ni cargas eléctricas para enviar ese mensaje a nuestro cerebro.  Observar el siguiente vídeo donde una profesora en sólo 5 minutos provoca esa indefensión en algunos de sus alumnos.

¿La consecuencia del refuerzo? que muchos de ellos pensaron que no eran capaces y dejaron de intentar hacer el ejercicio. ¿reconocéis esa actitud en aulas o en vuestros hijos/as? yo lo observo cada día en los adolescentes, tiran la toalla y creen verdaderamente que no pueden hacerlo y por ello dejan de intentarlo.

Un argumento muy habitual para justificar la utilización el conductismo es la necesidad de que las personas en general y los niños/as en particular, obedezcan y puedan ser controlados por una figura externa que simboliza la autoridad.  Sin embargo la consecuencia emocional de esto es muy grave. Es un fenómeno llamado obediencia ciega y fue el  psicólogo Stanley Milgram en los años 60, quien lo descubrió. Tras el juicio por las muertes sucedidas en el Holocausto se preguntó si tantos hombres eran capaces de matar y cometer atrocidades sólo por estar cumpliendo órdenes. El objetivo de su estudio era saber si las personas acataban la orden procedente de la autoridad, a pesar de que entrase en conflicto con su conciencia personal.

Solicitó voluntarios que quisieran formar parte de una investigación sobre aprendizaje y memoria. El experimento tenía lugar en una sala donde se encontraban únicamente el psicólogo, el voluntario y una tercera persona que, en teoría, era otro voluntario, pero que realmente era un actor. Una vez allí, cogían un papel en el que les mostraban las instrucciones que tenían que seguir. Estaba todo preparado para que el grupo de voluntarios siempre tuviera que ejercer el mismo papel. Una vez probaban un aparato de descarga con la potencia mínima y comprobaban que funcionaba y causaba dolor,  Se les decía que su función era someter al “voluntario-actor” de la sala contigua (al que oían) un cuestionario de cultura general. Si la respuesta no era correcta deberían aplicar una descarga, la potencia debía ser cada vez mayor. Hasta llegar, teóricamente, a los 450w, potencia suficiente para causar la muerte.

En el experimento original aproximadamente un 65% de los participantes llegaron a dar la máxima potencia de descarga aún habiendo comprobado el dolor que a ellos les producía la mínima intensidad y sabiendo que podrían ocasionar la muerte. Quedó comprobado que es más importante obedecer a la autoridad que el sentimiento de culpa que generaba sentir los gritos del actor. Os dejo un enlace de una copia del experimento que se hizo en la actualidad, donde un 50% aplicaba la máxima descarga…

¿Qué sucede cuándo la autoridad o el líder no es positivo? ¿Y si es otro igual y nos invita a cometer delitos? Si tenemos esto en cuenta podemos entender por qué muchos adolescentes ceden ante la presión de grupo y llegan a participar en acciones y comportamientos en contra de sus valores personales.

La última variable de la que voy a escribir hoy y que se ve afectada con el uso de premios y castigos es el desarrollo moral. Kolberg fue un psicólogo que realizó una teoría basada en el estudio de la moralidad en diversos colectivos. Llegó a la conclusión de que el desarrollo moral se divide en 6 estadios con varias etapas cada uno. Las etapas no son fijas sino que van avanzando en base a las experiencias y las vivencias personales. Para hacer avanzar el estadio moral es necesario que la persona se encuentre con situaciones que le hagan cuestionarse y con personas que le den una explicación correspondiente a estadios morales superiores, desde la proximidad, es decir en etapas de desarrollo próximas:

Estadio 1. Obediencia y miedo al castigo: agentes externos determinan qué hay que hacer y qué no, solo se respetan las normas por miedo a las consecuencias.

Estadio 2. Favorecer los propios intereses. El objetivo es favorecer los propios intereses. Las normas se cumplen en función de los intereses personales, es decir, las normas se cumplen para obtener lo que necesito. “NO te respeto porque tú no me has respetado”.

            2.2 Nivel Convencional: se quiere cumplir con las expectativas que el grupo tiene de nosotros. Se considera como bueno lo que especifica el grupo.  “Esto lo hago porque la sociedad lo permite”

2.3 Nivel Postconvencional entendemos que las normas se enmarcan dentro de unos principios morales.

Estadio 3. Expectativas interpersonales. No actuamos por miedo pero sí por necesidad de aceptación e integración en el grupo.

Estadio 4. Normas sociales establecidas. Aceptamos que cumplir las normas genera un bien común. Es beneficioso para todos y por tanto el individuo es responsable de cumplirlas.

Estadio 5: Derechos prioritarios y contrato social. EL valor de la vida y la libertad por encima del resto. Ya no es solo lo beneficioso para la sociedad sino para el mundo.

Estadio 6: Principios éticos universales. Entendemos que existen valores universales que deben ser iguales para todas las personas. “Tratar al otro como quiero que me traten a mí”

 Si educamos desde el conductismo no estamos permitiendo la evolución de los estadios, no damos oportunidades de observación ni de práctica y hacemos que nuestros hijo/as tengan más posibilidades de mantenerse en los estadios inferiores.

El desarrollo moral está muy relacionado con la teoría de la pirámide neurológica de Robert Dilts, defiende que los cambios y el aprendizaje se pueden dar en diversos niveles de la persona. Lo explica con una imagen de pirámide y yo voy a usar un iceberg para finalizar con esa misma imagen que comencé y que tanto me aporta:

En las capas inferiores del iceberg tendríamos creencias,  valores y la llamada transcendencia,no solo lo que somos sino lo que queremos ser en base a esos valores y creencias que nos guían y que nos posicionan en la vida respondiendo  a una pregunta, ¿para qué estoy aquí? o ¿cuál es mi misión en el mundo? Educando en el conductismo nos quedamos en la primera capa, no dejando a los niños/as que descubran sus capacidades, ni que implanten sus valores de vida, esos que le guiarán en sus acciones diarias cuando ya no estemos presentes y que influirán directamente en la sociedad. ¿Será por esa falta de transcendencia que tenemos una sociedad tan corrupta, violenta, con falta de empatía, de cooperación… etc? ahí lo dejo para la reflexión.

Espero vuestros comentarios, ideas y críticas siempre que sean para SUMAR y seguir CRECIENDO.

Un saludo, buen día.

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