Colaboración en casa: cómo y para qué repartir las tareas del hogar

Hoy comparto para qué nos parece útil generar colaboración en casa desde pequeños y cómo nos organizamos en nuestra familia para que no sea una lucha y se viva desde la cooperación mutua.

Hace muchos años, allá por el año 2000, trabajé un tiempo en un piso de acogida de menores. Son menores cuyas familias no están en condiciones de asegurar su bienestar por diversas circunstancias y la guarda y tutela la asume la comunidad mientras se trabaja con las familias para que en el menor tiempo posible el menor pueda volver con ellos. Los pisos son diferentes de los centros, pues es un lugar mucho más personal, más parecido a una familia, con educadores que asumen el papel de referente y otros menores con los que tienen que convivir como hermanos/as. Acuden a sus colegios, hacen sus actividades extra-escolares, etc. Se trata de proporcionar unas condiciones lo más estables posibles para que las secuelas de separación sean las mínimas a largo plazo. Lo ideal es que esos niños estuviesen en una familia de acogida, pero en España no hay suficientes y todavía hay muchísimos menores entre centros y casas.

En aquel piso eramos dos educadoras y 6 menores entre 3 y 17 años que teníamos que convivir las 24 horas del día los 365 días del año. Fue para mí un máster en gestión familiar y de equipos. Recuerdo con muchísimo cariño y nostalgia esos días, para mí fue un tiempo maravilloso, de gran aprendizaje. Mi pareja educativa yo, sin conocernos de nada, en seguida formamos equipo y nos convertimos en grandes amigas. Teníamos que hacer comidas, compras, llevar a los médicos, contabilidad y economía…. Cocinar, planchar, tender…en definitiva todo lo que es gestionar una familia de 6 niños/as y dos adultos. Recuerdo que me llamó la atención que no había una estructura, nadie tenía responsabilidades, y muchos conflictos surgían porque no había organización en el día a día. Lo primero que hicimos mi compi y yo fue sentarnos a hablar nosotras, decirnos qué veíamos, cómo nos sentíamos…. En mi caso, me sentía un poco “Cenicienta” los menores exigían, los menores pedían, pero no había una sensación de unidad, de que todos éramos necesarios y cada uno tenía que contribuir. Faltaba el sentimiento de comunidad. Este fue mi primer aprendizaje de tantos. Experimentar la necesidad de crear comunidad, de sentir que cada uno puede y tiene que aportar en beneficio común. Sin conocer nada de disciplina positiva el sentido común y la necesidad me llevaron a desarrollar un modelo al que hoy en día le he puesto nombre. Hicimos una asamblea donde expusimos cómo nos sentíamos, pedimos ideas y finalmente hicimos un cuadro con tareas y repartimos responsabilidades según la edad y lo que cada uno podía aportar, el modelo organizativo dio un giro, de repente, empezamos a sentirnos grupo, empezamos a ser un equipo, una familia, sino de convivencia y hermandad.

Hoy como madre, tengo mi familia, una familia preciosa que también quiero que viva y experimente ese sentimiento de comunidad, que lo mamen desde el minuto 1 para que no haya que sentarse después cuando son adolescentes a explicarles que es importante contribuir. Para ello desde que tienen autonomía suficiente están implicados en las tareas de casa, pues no queremos que las vivan como una exigencia impuesta sino como responsabilidades compartidas que hay que hacer en el día a día para poder convivir y vivir mejor.

¿Para qué sirven las tareas de casa?

El orden interior empieza por el orden exterior. El orden de las cosas dota de una estructura fija que da seguridad a nuestro cerebro pues le permite relajarse y prestar atención a otros estímulos.

La información exterior llega a nuestro cerebro a través de los sentidos y una vez en nuestro cerebro éste se encarga de procesarlos e interpretarlos, el objetivo es principalmente asegurar nuestra supervivencia por eso esta clasificación se hace en milésimas de segundo. Teniendo en cuenta la cantidad de estímulos que recibimos de nuestro entorno a la vez es muy necesario que nuestro cerebro tenga filtros que le permitan seleccionar cuáles pasan al siguiente nivel de procesamiento y cuáles no, ya que de lo contrario haría demasiado trabajo, consumiría demasiada energía y nos volveríamos locos (de hecho, eso es el estrés, epidemia en cabeza de enfermedades este siglo).

El primer filtro que encontramos es el sistema SARA (sistema activador reticular ascendente) situado en la base del cerebro, y por tanto presente desde el nacimiento. Este sistema es el encargado del estado de alerta en el cerebro para detectar cualquier posible cambio en el entorno que podría ser motivo de peligro para la vida u oportunidad para la misma. En la infancia dotar de un ambiente ordenado y limpio implica que el SARA puede estar relajado y prestar atención a elementos concretos que potencien el aprendizaje pues ya no tiene que estar alerta para asegurar supervivencia al encontrarse un entorno seguro. Supongo que habréis experimentado lo observadores que son los niños/as y cómo detectan en seguida cualquier cambio de objetos o muebles en el entorno conocido, pues hoy ya sabéis el motivo por el que sucede.

El orden físico por tanto genera seguridad, tranquilidad y estructura y además favorece que nuestro cerebro se pueda concentrar en otras cosas. De ahí que el orden en el aula también sea fundamental.

Según María Montessori, existen momentos propicios en la vida para desarrollar cada aprendizaje, los llamó periodos sensibles (momentos en los que el niño está más preparado y receptivo para aprender algo). El periodo sensible para el orden es de los 2 a los 6 años. Esto quiere decir que si tenemos un peque de esa edad estará mucho más motivado y dispuesto a ordenar que cuando superan este periodo, pero tranquilos si tenéis peques más mayores pues el cerebro es capaz de aprender constantemente.

Todo en la vida tiene un orden, existen horarios y normas que nos hacen la convivencia más fácil en la sociedad. Por lo que podemos decir que si aprendemos a ordenar físicamente estamos entrenando para aprender a ordenar internamente nuestro pensamiento: elaboración de pensamientos e ideas, gestión de tiempos y organización de horarios, prioridad de actividades, etc lo cuál será muy muy útil cuando nuestros hijos/as tengan que organizar su vida.

Dicho todo esto el orden para mí no es un fin en sí mismo ni tampoco vivo para el orden, lo considero una herramienta más y una parte del día a día que también intento hacerla consciente para saber para qué hago así las cosas y no de otra manera, me sirve para tener mi meta a largo plazo clara y no centrarme en que tienen que ordenar y recoger sino en todos los beneficios que a largo plazo tiene tener cierto orden en casa y hacerlo entre todos posible.

¿Para qué sirve colaborar en el orden y limpieza en casa?

-Para que nuestro cerebro esté más relajado

-Favorecemos procesos atencionales pues deben recordar dónde iba cada cosa y detectar los cambios

-Desarrollar sentimiento de pertenencia y comunidad pues organizan su espacio personal (habitación, armario, cajones, etc.) y además colaboran en organizar espacios comunes (salón, cocina, etc.) dando opciones de cambio o proponiendo incluir cosas nuevas. Por ejemplo, proponiendo incluir fotos, plantas, flores, cuadros, etc.

-Fomentar importancia individual cuando validamos sus opiniones, agradecemos su colaboración, o les tenemos en cuenta para compartir. Recordar que nos sentimos mejor dando al otro, las tareas también son una forma de dar.

-Favorecer procesos de autonomía personal: dando tareas que sean adaptadas a su nivel de desarrollo y dejando que sean ellos solos los que las desarrollen sin intervenir ni perfeccionar su trabajo. (esto es algo importante, los adultos tenemos que trabajar ese “perfeccionismo” porque lo importante no es que la cama quede estirada como nosotros queremos, sin una arruga, lo importante es que la haga de manera autónoma y vaya mejorando con la práctica)

-Desarrollar responsabilidad personal: cada uno tiene una labor de la que hacerse cargo.

-En muchas tareas se ponen en práctica habilidades motrices que serán la base de otros aprendizajes futuros.

  • Presión manual: es lo que dotará de conciencia de fuerza para después saber cuánta es necesaria para agarrar un lápiz, para moldear plastilina, etc Esta habilidad será la responsable de tener una buena letra o una grafía adecuada en el futuro. La estaremos favoreciendo en diversas tareas: en la elaboración de alimentos, cortar o pelar verduras o frutas, echar productos de limpieza sobre el trapo con un dispensador, amasar, pelar guisantes, separar lentejas, tender con pinzas…
  • Coordinación mano-ojo: sirve para poder sincronizar los movimientos de la mano con la vista, será esencial para la lectura, la escritura y para los deportes en general ya que nos proporciona información sobre nuestro cuerpo y sobre cómo controlar los movimientos que nos proponemos hacer. Se entrena en tareas como hacer la cama, barrer, fregar, limpiar el polvo, limpiar los cristales, rompiendo papel para reciclar, abrir y cerrar tapones etc
  • Maduración visual:  se refiere a todo lo relacionado con la vista, enfocar a distinta distancia, mover los ojos para seguir objetos… será clave en el proceso de lectoescritura ya que el movimiento ocular es el que guía el proceso, leemos de izquierda a derecha, el ojo tiene que moverse en esa dirección, enfocando letras, no saltándose renglones, etc. Esto lo podemos entrenar en tareas como barrer (con la escoba barremos de izquierda a derecha), situando los objetos en su izquierda para que tengan que hacer el mismo recorrido visual que harán leyendo, colocando los cubiertos en el cajón en ese orden…
  • Comunicación interhemisférica y lateralidad: me refiero a la necesidad de que los hemisferios cerebrales derecho e izquierdo estén coordinados para poder realizar la misma meta. De nuevo encontramos una habilidad que será esencial en la lectoescritura (de hecho, es uno de los principales motivos por los que le neurociencia no aconseja enseña a leer y escribir antes de los 6-7 años o cuando este proceso esté automatizado en el cerebro) y clave para prevenir dificultades de aprendizaje. Barrer, limpiar el polvo, enroscar tapones o abrir y cerrar envases, fregar el suelo pueden ayudar a entrenar la lateralidad.

Además, las tareas nos pueden servir para desarrollar el pensamiento lógico que nos prepara para las matemáticas, por ejemplo, cuando tienen que contar para poner la mesa trabajan la asociación cantidad número: somos 4 personas, cuántos platos ponemos, cuántos hay, cuántos faltan…etc cuando cocinan y hay que pesar nos pueden avisar cuando vean el número que previamente les hayamos dicho o escrito en la balanza, etc

Para que haya un aprendizaje y además sean una actividad segura es importante adaptar los espacios y los materiales, por ejemplo, distinguir cuáles son los utensilios que pueden usar ellos solos y cuáles necesitan presencia de un adulto, también usando productos de limpieza lo menos tóxicos posibles (agua y vinagre, árbol de té, alcohol diluido, jabón natural, etc. Así además contribuimos a desarrollar conciencia sobre el cuidado del medio ambiente evitando muchos envases y reduciendo vertidos tóxicos al entorno).

También es importante pensar en que los utensilios estén adaptados al tamaño para que no sea una tarea frustrarte y de verdad se produzca aprendizaje. Los palos de las escobas suelen ser muy largos para ellos, una idea es utilizar palos de recogedor y poner el cepillo, así queda una escoba cortita mucho más manejable para los peques, otra opción es cortar el palo o comprar de esos palos que tienen varios tamaños, ese nosotros lo tenemos en la mopa y también es útil. Las bayetas, trapos y estropajos se pueden cortar para que sean más sencillos de manejar. Los dispensadores o difusores para los líquidos mejor si no pesan mucho y sobre todo al inicio no están muy duros para que puedan apretar ellos solos. Para empezar, son ideales esos redonditos que se usan para echar agua en verano y según vayan teniendo práctica ya se pueden usar algunos más grandes.

Para tender la ropa usamos un tenderete pues las cuerdas son muy incómodas para ellos y no llegan

bien. Un tenderete y un escaloncito han sido muy útiles hasta ahora.

Otra cosa a tener en cuenta es que sea un momento agradable, que nuestro cerebro guarde recuerdos positivos de este momento. Nosotros limpiamos con música que ellos eligen, bailamos, nos reímos, nos ayudamos… es un momento también divertido.

Pasos previos a la distribución de tareas:

Primero les muestro cómo se hace. Os explico los pasos que sigo en dos de las tareas que suelen ser las más requeridas por los peques: limpiar cristales y fregar el suelo.

  • Los cristales les enseño a limpiar haciendo círculos, así trabajamos la lateralidad cerebral. Primero mojo el trapo con el limpiador, hacemos círculos hacia la derecha para limpiar. Con el trapo de seco hacemos círculos en sentido contrario para secar y que quede brillante.
  • Fregar: enseño a escurrir la fregona primero en un sentido y luego en otro, cuando ya está escurrida limpiamos de izquierda a derecha haciendo rayas en el suelo, les explico que es como pintar, cubriendo espacios. Para que no mojen todo el rato contamos 5 rayas y luego aclaran la fregona y siguen pintando….

Cuando ya tenemos claros los pasos que seguir para limpiar nos distribuimos el trabajo. ¿Cómo repartimos las tareas?

Primero hacemos una asamblea en la que exponemos la necesidad de compartir y colaborar para que la casa sea un lugar agradable y limpio donde estar. Les pregunto, qué tareas hay que hacer para que eso sea así y hacemos una lista. Así quedó la nuestra:

De todas esas tareas marcamos con una X las que ellos podían hacer solos. Fueron todas menos cocinar que pusieron con ayuda y limpiar baños que no quisimos porque hay que usar lejía. Distinguimos cuáles eran tareas individuales y cuáles eran comunes. Individuales son aquellas que cada persona puede hacer cada día y las comunes son aquellas que hacemos entre todos algunos días para mantener la casa limpia, por ejemplo, cada día cada uno es responsable de : llevar la ropa al cesto de la ropa sucia, hacer la cama, guardar los juguetes que saque, aclarar y tender sus bañadores y toallas de la piscina.

Las tareas comunes las repartimos por días, hacemos la siguiente pregunta con cada tarea: ¿cuántos días a la semana creéis que debemos hacer cada cosa para que esté limpio? Y así vamos poniendo al lado la frecuencia de cada tarea.En  casa así  es la tabla:

La siguiente pregunta es cómo nos repartimos, si hay alguien que prefiere encargarse siempre de algo o si prefieren cada día una cosa…

La última pregunta es cómo nos vamos a organizar para hacerlo, si prefieren por la mañana pronto, si prefieren después de comer…. En nuestro caso decidimos hacer las tareas por la mañana, antes de ir a la piscina, por lo que para salir de casa es un requisito que las tareas estén hechas. ¿Y qué pasa si alguno decide que ese día prefiere hacerla después? Si es algo puntual se habla en el momento y se valora si es posible dependiendo de la tarea (por ejemplo, regar no es posible hacerla después de comer y luego por la noche no suele haber tiempo) Si eso se convierte en algo habitual, nos reunimos y lo hablamos, qué está pasando, qué podemos hacer, cuándo será el día de cambio en caso de que haya que hacerlos, etc

Con todos esos datos hicimos una tabla de reparto de tareas con los días de la semana y los encargados de cada cosa. Los días los pintamos según el color asignado en nuestro calendario, así pueden reconocer en qué momento estamos. Cuando se levantan ven el color del día y donde está escrito su nombre. Al hacer la tabla tuve en cuenta que tienen 5 y 4 años y que el principal objetivo no es limpiar sino generar colaboración, según vayan siendo más mayores la implicación será mayor, por eso no aparecen todas las tareas de la casa, por ejemplo los suelos los limpiamos todos y ellos sólo friegan cocina una vez a la semana  el resto lo asumimos los adultos.

El reparto de tareas y la creación de la tabla también sirve para que cada uno tenga en cuenta la cantidad de trabajo que se genera en una casa y en lugar de quejarse valore lo que otros hacen para el beneficio común. La queja de hago demasiado, nadie me ayuda o siempre tengo que ser yo genera un clima muy negativo que no aporta ni suma a la familia, por eso dejarlo sobre el papel ayuda a tener de manera visible que no haces tanto ni tan poco, haces lo necesario para esta casa 😉

Y vosotros ¿cómo organizáis las tareas? estaré encantada de que compartáis vuestros modelos para seguir aprendiendo juntos.

Buena semana!

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