De escuela libre a Primaria: el primer día

Muchas personas sabéis que el año pasado la mayor de la casa comenzaba primaria y habéis contactado conmigo para preguntarme por el inicio del cole, por el cambio, la adaptación, etc. Hoy os cuento un poquito cómo vivimos el primer día por si os ayuda a vivir el proceso. En otro momento os contaré cómo ha ido el año, qué vivencias hemos tenido, qué hemos aprendido.Os avanzo que ha sido un año de crecimiento, de mucho aprendizaje.

Y a aquellos que habéis llevado a vuestros peques a escuelas libres, vosotros que me escribís con tantas preguntas y tanto temor, os digo que os quitéis la losa del miedo, que todo va a salir bien. Que tienen cimientos y herramientas para ser pro-activos y sus habilidades socioemocionales son fuertes, van a ser sus alas y esas alas vuelan muy alto 😉

Cuando decidimos no escolarizar en escuela tradicional a los 3 años nos enfrentamos a muchísimas críticas. Ya habíamos pasado por ese proceso cuando no matriculamos a los peques en escuela infantil. A pesar de haber pasado por ello, a pesar de vivir lo positivo de la decisión, a pesar de ver a nuestros peques creciendo y aprendiendo felices, a pesar de estar formados y tener claro el por qué de nuestra decisión hubo muchos comentarios que hicieron que en algún momento nos parásemos a reflexionar y sintiésemos inseguridad. Comentarios de familiares cercanos y de personas no tan cercanas pero que opinaban igual. Opinan desde su experiencia, desde su miedo, desde su lógica. Sin conocer, sin tener ni idea de lo que es un espacio de educación respetuoso. Sin tener ni idea de las necesidades de nuestros peques ni de sus características personales. Opinan porque en parte ven un juicio en lo que estábamos haciendo porque lo viven como una crítica a lo que ellos hicieron en su momento. Opinan porque creen que lo que hicieron ellos es la mejor opción que existe o porque saben que no, pero en su día no vieron alternativa. Y todos queremos lo mejor para nuestros hijos/as. Eso es algo que tengo claro, que he vivido y que me han enseñado mis más de 15 años trabajando codo con codo con familias, muchas de ellas difíciles de entender desde fuera. Por eso es un mantra que me repito y que me sirve para hacer frente a muchas de esas situaciones de una manera asertiva, tratando de poner mi límite sin dañar a la otra persona (otras veces me cuesta y me sale la madre leona que todas llevamos dentro y entonces gruño 😉). Seguro que sabéis a lo que me refiero, comentarios del tipo:

Lo va a pasar fatal cuando llegue a cole

-Se va a sentir en desventaja.

-Va a ir con retraso en el aprendizaje

-No va a poder seguir el ritmo de estar sentada y atendiendo si ahora puede estar moviéndose todo el tiempo.

-No va a saber respetar las normas

-Os vais a arrepentir mucho

-La estáis sobre-protegiendo porque el mundo es duro, es un lugar hostil y mejor que se acostumbre desde el inicio para que luego no se dé el batacazo.

-Ese mundo ideal donde la lleváis luego no es real y lo va a pasar mal

-Cuando salga al patio y tenga que enfrentarse a tantos niños, a tantos conflictos no va a ser capaz.

Podría seguir, pero creo que os hacéis una idea de todo lo que nos han podido decir a lo largo de 6 años. Ahora echo la vista atrás y me hace mucha gracia, pero claro, mirar para atrás sabiendo el futuro cambia la cosa. Reconozco que no me ha afectado mucho pues he contado siempre con el apoyo de mi familia más cercana, mis referentes, mis apoyos reales y mis ejemplos. Por supuesto mi pareja, mi marido que sin él no hubiera habido camino ni alternativa ni cambio. Mi hermana con quien voy de la mano en este viaje y ella va dos pasos por delante 😉 y mis padres que siempre han creído en mí, en nosotros como familia. Por eso, entiendo mucho a las personas que no tenéis esa red donde sujetaros fuerte cuando sentís miedo y me escribís con tanto miedo. Os entiendo y os doy la mano aunque sea virtualmente.

Como decía, todos esos comentarios perdían fuerza en el día a día hasta que….. llegó el verano de 2018 y acababa para la mayor el tiempo en el espacio de aprendizaje. Se cumplió el plazo y como en los cuentos de hadas sonaron las palabras “colorín colorado”. Nos tuvimos que plantear cambio. Después de mucho meditar optamos por un cole tradicional, público. La idea de “ser cambio desde dentro” “apoyar una enseñanza de calidad para todos” y vivir la oportunidad de formar parte de una comunidad fueron las razones por las que optamos por cole.  Teníamos claro que no iba a ser fácil pues la gran mayoría escolariza con 3 años y las opciones de que nos dieran cole que nos encajase eran limitadas. Fue literalmente una locura, parece ser que el 2012 fue un año de boom y todas las aulas de 1º estaban completas y finalmente tuvimos mucha suerte, abrieron una línea en un cole que nos gustaba, cumplía 3 requisitos que para nosotros tenían mucho peso: no era muy grande, no era bilingüe, había mucha población de diversas nacionalidades. Y un factor esencial es que al abrir línea los 3 gusanitos que salían del espacio educativo Borboleta iban a ir juntos y eso les generaba mucha tranquilidad y seguridad a los peques y a las familias también. Pedimos cita para conocer un poco más su proyecto educativo y el centro, nos citaron una tarde a las 3 familias y nos dedicaron mucho tiempo con mucho amor y una profunda ilusión. Salimos contentos, convencidos de que iba a ser un año lleno de aprendizajes para todos. En ese momento nos extrañó mucho que siendo una clase entera de niños/as nuevos ninguna familia más pidiera asistir a conocer el centro. Nos extraño mucho sabiendo que había una clase entera de familias nuevas que no se convocara reunión de acogida y presentación.

Fuimos al cole a recoger documentos y aprovechamos para conocer algunas familias, preguntar por sus peques, intentar tener alguna información más. La impresión fue muy positiva y eso creo que ayudó muchísimo en el proceso de inicio. Nosotros, como adultos, trabajamos nuestros miedos, tocaba soltar y confiar.

Ya teníamos nombre oficial y podíamos compartir con los peques cuál iba a ser ese cole de primaria que nos había tocado. En mi caso, la noticia la recibió con ilusión, la encantó todo lo que la conté y estaba deseando ir a conocerlo.

Ese fue el segundo paso, ponerle cara. Fuimos a entregar los papeles y aprovechamos para hablar con las profes que estaban allí. Todas encantadoras. Pedimos poder ir una mañana con los peques para conocer el cole por dentro y se mostraron encantadas, nos dieron mucha facilidad. De nuevo me sorprendió que nadie más lo hiciera. Las profes nos contaron que las familias no se acercan mucho y que en infantil puede que haya más contacto, pero en primaria ya se pierde. En primaria. 6 años tienen. Su familia es el centro de su mundo aún. ¿Qué puede estar pasando en la sociedad para que haya una barrera tan grande entre familia y escuela? ¿De verdad pensamos que los niños/as van allí sólo a aprender contenido y nos olvidamos que la personalidad está formando sus cimientos y que cada cosa, cada situación, cada persona con la que viva experiencias dejará huellas de alguna manera en ellos? ¿pensamos que guardan en su cabeza las sumas, las restas y todo lo demás que viven rebota en sus cerebros y no es importante en sus vidas?

Aprovechamos que no había clases para ir una mañana. Las profes de 1º nos recibieron encantadas. Nos dedicaron su tiempo y volvieron a dar muestra de su pasión por la enseñanza. Esa mañana conocimos con ilusión el cole por dentro, preguntamos algunas cosas de funcionamiento, intercambiamos dudas y sobre todo, Carlotta y sus compañeros se hicieron una idea propia de lo que era un cole, pudieron preguntar, vieron las clases, el gimnasio, el patio, todo les asombraba, todo les motivaba. Fue emocionante. Eran importantes. Quedamos con ellas en volver en septiembre que ya sabrían las listas de cada clase, las tutoras, el aula y podríamos seguir dando información a los peques para ayudarles con la transición.

Pasó el verano, tranquilo, sin presión, sin comentar nada a no ser que ella preguntase. Intentando pasar desapercibidos al resto del mundo para evitar comentarios, pero con una hija que habla hasta con las paredes es muy muy complicado. En breve TODO el pueblo al que habíamos ido de vacaciones sabía que ella iba a empezar el cole de primaria y que no había ido nunca antes a un cole 😊. Tuvimos que lidiar de nuevo con comentarios que (hechos de manera inconsciente) generaban miedo y expectativas sobre ese momento.

Llegó septiembre. Emoción y vértigo por partes iguales. Preparamos el material con ilusión: cartera, libros, estuche. Se sentía importante, protagonista, mayor. Ella iba a ir SOLA a un cole, con su mochila y sus pertenencias. Había algo de incertidumbre, de vez en cuando preguntaba y buscaba respuestas para relajar miedos. En sus preguntas intentábamos estar atentos a lo que había detrás, buscar el fondo del mensaje. Recuerdo una conversación un día en el baño:

Mamá ¿las profesoras son malas? me preguntó.
-¿Malas?
-Sí, que hacen daño.
-¿Te preocupa que te hagan daño?
– Sí. Me ha dicho mi amigo que las profes gritan y si te ven llorando no te escuchan.
-Entiendo. Tienes miedo de que te griten o de que tú llores y no te escuchen. ¿esa así?
-Sí, si lloro quiero que me escuchen porque estaré sola.
-Igual tu amigo conoció a una profe que ese día le gritó o que ese día no le escuchó mientras lloraba. Y se acuerda de eso.
-Sí, me ha dicho que le pasó
-Tuvo que ser difícil para él, entiendo que te preocupe. Yo no creo que haya profesoras malas, creo que hay momentos en los que se pueden equivocar. Las personas cometemos errores. ¿qué podemos hacer?
-Se me ocurre hablar con la profe y explicarle lo que me preocupa.
-¿Quieres que se lo contemos a la profe?
-Si
-¿Cómo lo hacemos?
-Lo escribimos para que no se nos olvide y el primer día, cuando la conozcamos se lo contamos.

Y así, ella creó su cuaderno, una libreta pequeñita donde íbamos escribiendo sus dudas, sus temores y todas las cosas que quería compartir con su profe nueva.

Llegó el día de acercarnos al cole y poner cara a su profe. Ese día fue mágico también. Su profe se mostró muy cercana, nos dio su tiempo, nos mostró el aula, nos explico cómo iba a ser el primer día, dónde hacían la fila, por dónde iban a subir, cuántos eran en clase, demostró mucho amor a la infancia y puso en el centro a las personas y no a los contenidos y eso en 1º de primaria debería ser norma pero por lo visto no lo es . Los peques pudieron preguntarla sus dudas. Carlotta compartió con ella sus temores. Salió muy contenta y segura, su profe era amable. Así la definió cuando se lo contaba a los demás. Tachaba los días con ganas de empezar su nueva etapa.

El primer día fue un día de nervios. Llegamos al cole un poquito antes pero no con mucha antelación, escuchamos música, su canción: “las chicas son guerreras”, bailamos en la puerta.

Sabíamos que iba a ser un caos porque era el comienzo de toda primaria. La teoría la teníamos en mente, llegábamos a la fila, en una pared con letras teníamos designada la nuestra. Estaría 1º y 2º curso, en total 5 clases, 5 filas, esperábamos a la profe, nos despedíamos de los niños/as y se iban con su maestra solos al aula. La realidad superó las expectativas. Aquel patio se convirtió en un campo de batalla. Niños/as con miedo, llorando porque no querían entrar, profesoras intentando que la fila fuera recta y cada niño siguiera al de delante y no mirara a para atrás, familias que buscaban la foto o querían seguir la fila, o que no podía soltar las manos de sus peques, impidiendo el paso de las demás …. Y entre tanto caos, desde lejos, buscaba la mirada de Carlotta. Ella iba segura, agarrada a su amigo, miraba hacia arriba pues estaba rodeada de adultos y no veía a su compañero de delante. Llegó otra profe que la agarró de la mano y la llevó de nuevo a su fila. Nuestras miradas se encontraron, creo que buscó seguridad. Me hizo una seña de OK con el pulgar.

No quiero juzgar ni criticar al centro o a los profes. No es mi objetivo. Quiero relatar mi experiencia como madre, lo que viví, lo que recuerdo. Lo que vivió mi hija y lo que también recuerda y relata hoy después de un año. Quiero poner en cuestión procedimientos que tenemos muy normalizados y que no por ello son buenas prácticas con la infancia.  Quiero que nos hagamos conscientes del dolor que generamos por seguir la norma que en un día se estableció sin criterio. Y que hoy seguimos respetando sin ningún sentido.

Me siento afortunada porque yo puedo comparar. He vivido otros comienzos, he acompañado escuelas que lo hacen de otra manera, he vivido procesos de cambio en escuelas que han querido actualizarse y por eso puedo estar segura de que se puede y se debe cambiar esta práctica porque puedo comparar emociones, puedo comparar miradas. He sido madre que empezaba en un ambiente donde se acogía a la familia y a la infancia, donde te sentías parte, te sentías seguro y te ibas sin mirar atrás porque confiabas. He sido madre en el otro lado y tuve que respirar para no gritar (y todo hubiera sido diferente si mi hija hubiera entrado en pánico). Las dos caras de un mismo momento. Y no, no es por las ratios, no es por las familias, no es porque soy exagerada, no es porque es mejor que se acostumbren. Es necesario cambiar los empieces. Es muy importante darle la importancia que merece este momento. Son niños/as cuyos cerebros son inmaduros y no cuentan con herramientas para autorregularse. En escuelas infantiles en infantil por supuesto y también en primaria. Se necesita poner en evidencia a la falta de previsión que existe en los comienzos escolares, la falta de empatía, de planificación y la poca actualización teniendo en cuenta toda la información de la que hoy disponemos sobre cerebro, emoción y aprendizaje.

Tenemos la responsabilidad de revisar las prácticas y estar seguros de modificarlas y dejar solo aquellas que sean positivas a largo plazo, en la salud emocional de esos pequeños. Tenemos la responsabilidad de eliminar las excusas y dejar las necesidades de los adultos en un segundo plano para cambiar este proceso.

Un empiece así se graba en el cerebro como amenaza. Un entorno de aprendizaje no debería estar relacionado con una amenaza pues ante el peligro nos bloqueamos, con peligro no se aprende. Un empiece así es estresante para todos, niños/as, docentes y familias, pero sobre todo niños/as cuyos cerebros inmaduros tienen menos herramientas para gestionar el estrés y regular las emociones.

Ese primer día había muchos niños/as llorando de MIEDO. En primaria (ya no cuento cómo era el pabellón de infantil porque os lo imagináis, todos tenemos esa imagen) y había muchas familias obligadas a dejarlos en ese entorno, a permanecer detrás de una línea imaginaria a unos metros de dónde tu hijo/a sufre. Te sientes con gran confusión, gran tristeza. Quieres correr hacia él, pero sabes que te están mirando. También sientes culpa y te empiezas a cuestionar qué has hecho mal para que tu hijo o hija sea de los que lloran, porque sabes que es probable que te apunten a ti con el dedo: les diste mucha teta, hiciste colecho, no le has llevado a guarde, está muy apegado, le consientes demasiado, etc….  Algo habrás hecho para que el primer día de cole no quiera quedarse. Y NO, no has hecho nada. Son los centros los que tienen que hacer algo para cambiar esa situación.  Empezando por escuelas infantiles y siguiendo por el resto, hasta llegar a secundaria (de la que no he hablado me da para otro post) donde, en la mayoría de los IES, es un proceso frío, distante, hostil. ¿Cómo van a ir contentos a un sitio dónde se les recibe de esa manera?

La primera impresión cuenta. Se queda. Y es muy muy difícil cambiarla. Se puede, afortunadamente, pero es muy difícil borrar la huella y tu cerebro acudirá a esas emociones como primer impulso. Emociones que te harán temblar y quedarte parada.

Centros educativos, docentes en particular y equipos en general, buscar comienzos seguros, planificar ese momento como el más importante del año porque igual que la primera impresión, esa huella marcará la relación de cada niño con el entorno. Y allí llegan niños con muchas huellas previas. No puede ser igual para todos. No puede ser como es. Y no esperes a que el cambio venga de fuera, empieza en tu metro cuadrado, se puede.

Y a pesar de todo ese horror, aquí confirmé la teoría, el primer gran mito al que me he enfrentado durante 6 años. Esa frase que escuché tantas veces: “tu hija lo va a pasar fatal el primer día por no haber ido a escuela infantil ni a cole”. Pues no. Ni la escuela infantil, ni la escolarización temprana en un cole tienen que ver en en el desarrollo de un apego seguro. Perdón, sí tienen que ver si sus comienzos han sido traumáticos como es el caso de la mayoría o si existe algún recuerdo de algún momento previo que haya generado miedo. Pues el miedo se recuerda siempre en nuestro cerebro, es supervivencia. Mi hija no ha relacionado comienzo escolar con miedo- y por eso, porque en su cabeza es una conquista lo vivió como momento para crecer, momento de aprendizaje, de confianza, de superación personal. “Yo he podido”. Esa fue su frase cuando salió ese primer día: “mamá pasé miedo, pero he sido capaz de vencerlo”.

¿Y si mi hija hubiera llorado? No sería por nada de lo que hayamos hecho en esos 6 años, tenedlo claro. Si vuestros peques lloran ese día, si sienten miedo no es por vosotros, es por el entorno. Y si os llaman, y si os buscan es porque sois los únicos que le dais esa sensación de seguridad. Sentiros tranquilos, lo estáis haciendo tan bien que vuestros hijos/as confían en vosotros ante el peligro.

¿Qué me hubiera gustado como familia para empezar el curso?

Me hubiera encantado una reunión previa, antes de empezar. Pero no una reunión para contarnos el material, las normas, la necesidad de hacer deberes, los exámenes, lo que puntúa, la presión de contenidos, lo mucho que hay que estudiar en primaria, lo que castigan cuando los niños no respetan, lo culpables que somos los padres por no educar en casa…. De eso habrá tiempo.

A mí me hubiera gustado un encuentro entre personas, conocernos, saber quién es la persona con quien voy a dejar a lo más valioso que tengo durante horas y quienes son las familias de las personas con las que va a compartir pupitre, cómo se llaman, de donde vienen, qué tenemos en común, en qué nos podemos ayudar, cómo podemos contribuir a que sea el mejor año para nuestros hijos/as, porque ese es el nexo. Cada familia, cada docente, quieren lo mejor para cada niño/a del aula. Pero lo mejor no es igual para todos, hace falta consensuar.

Y si puedo pedir, me hubiese encantado que el resto de familias hubiera tenido la oportunidad de vivir el proceso como nosotros, con información, con dedicación. Pero no por que lo pidieran sino porque se considerase lo mejor y desde el principio se propusiera.

Me hubiera encantado ver una propuesta para las familias, organizada. Un hueco para poder sentirnos importantes y pertenecientes a ese lugar. Y no hablo de revisar agendas, hacer maquetas de planetas o de recortar disfraces, hablo del día a día, de ser COMUNIDAD. Porque sino se hace los grupos tienden a buscarla porque somos seres sociales. Y entonces se crean los grupos de WhatsApp, y llega el lío. No estamos dentro de la escuela, pero queremos opinar de todo, de todos. Llegan los rechazos, los prejuicios, los conflictos. No tenemos responsabilidades concretas y todo lo vivimos como propio. No tenemos información y no convivimos con el otro y entonces es fácil criticar, y pensar que son amenazas para nuestros hijos/as. Y así, se crea caos. Porque no hay un líder (o demasiados). Porque la familia es la escuela también. Y eso hay que crearlo porque si va solo va sin rumbo, sin capitán.

Y por hoy me despido que he escrito mucho. Te agradezco tu tiempo. Me encantaría que comentases y saber tu experiencia en el primer día, tus vivencias, lo que te gustaría que fuera este momento o tus sugerencias para que escriba próximos artículos.

Abrazos virtuales,

4 comentarios en “De escuela libre a Primaria: el primer día

  1. Acabo de descubrirte y me ha encantado el post.
    No puedo estar más de acuerdo con todo lo que dices. Solo de pensar en que cuando mi peque vaya al cole, lo puedan tratar asi con castigos, ignorando el llanto…me entran las 7 cosas.
    Solo tiene 1 año y medio y no tengo intención de llevarlo a guardería, aunque el entorno me lo pregunte cada 2×3.
    La apena es que hay mucha gente que no valora esas cosas. Qué busca la comodidad del adulto. Ayer mismo un familiar comentaba que vaya tontería llevar a su hijo de 3 años solo 1h y media el primer día y sin poder irse ella. Qué si ella no se iba no serviría de nada…
    En fin, voy a seguir leyendo tus post porque creo que pueden aportarme mucho.
    Mucho ánimo y un abrazo

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    1. Muchísimas gracias,
      No le damos la importancia que tiene al comienzo porque pensamos con cerebros adultos, si nos parásemos a reflexionar conociendo que sus cerebros no son como los nuestros y lo que eso implica, entenderíamos muchas cosas y dejaríamos de normalizar otras. El entorno como dices, presiona, entienden que nos quedamos fuera de lo “normal” y eso genera muchos miedos. ¡Hay que ser valiente! muchos valientes cambiarán la mirada a la infancia, estoy segura.
      gracias por tu aportación

      Me gusta

  2. Una maravilla haberte descubierto y leer tu experiencia.
    Te agradezco todos los detalles , no se me he hecho nada largo. Para entender lo que los peques viven , los adultos necesitamos desprogramarnos , y para ello es imprescindible entenderlo todo muy muy bien.

    Siento que me estoy recriando con mi peque de 2 años sin guarde. Estoy aprendiendo muchísimo de ella y su pasión por aprenderlo todo, y de nuevo me convenzo de que ha sido la mejor decisión que hemos tomado: no escolarizarla aún.

    Y aún así todas las tardes vale niños, vamos al parque, y sinceramente , me entran los miedos. Ella saluda a todo el mundo, intenta conectar, es muy observadora, pero ahí está la mayoría de niños, de su edad y mayores, quienes van todos al cole, y muestran una actitud más agresiva, irrumpen su juego, la empujan porque si, le arrebatan un juguete ; y ella aún no se defiende, se pliega como una flor y llora desconsolada. A mi se me parte el alma. Todos los padres me señalan que es muy sensible , que se nota que no va a la guarde… y allí me he sentido culpable. Pero después he comprendido que las guardes suelen ser un campo de batalla, ganan los más “fuertes “, todo es más hostil. Eso no era socializar como me habían contado. Eso es adaptarse mejor que sepan a una escuela con muchos niños de la misma edad, pocos adultos y menos recursos de acompañamiento emocional.

    Al final descubro que no tengo una niña demasiado sensible, sino que es sana, y se acerca a las personas con respeto, curiosidad y saludando.

    Me encantaría oír tu opinión sobre esto. Te confieso que no veo el momento de escolarizaría. Además estudio Educación Infantil (terrible por cierto pero quiero saber cómo está el patio y aprender también lo que No haría) y por supuesto leo y me formó por mi cuenta en una educación mas respetuosa para poder algún día trabajar o llevarla a una escuela libre y vivir esa experiencia.

    Un saludo,
    PD: Yo también me enrollo 😉

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    1. Buenos días, muchísimas gracias por tus palabras y por compartir tus dudas.
      Te entiendo, nadar a contracorriente es duro, muchas personas juzgan desde sus creencias y desde sus miedos y es difícil mantenerse seguras.
      EN mi opinión nada tiene que ver ir a la escuela infantil ni a ningún otro espacio para aprender herramientas de gestión de emociones o de conflictos. Depende solo del acompañamiento adulto que te ofrezcan en las oportunidades que surjan para ello. En el caso que me cuentas, la defensa me parece importante, saber decir NO, para, esto lo estoy usando, etc. Para nada estoy de acuerdo con que defenderse pase por agredir al otro y reaccionar ante eso no me parece “demasiado sensible” sino lógico. Tú puedes acompañar a tu peque en la defensa de sus derechos como lo estás haciendo, dando presencia, interviniendo cuando te necesita y mostrándola cómo puede defender sus derechos: te han empujado, ¿les decimos que eso no te ha gustado? la infancia está aprendiendo y tanto el que empuja como el que es empujado necesitan de un referente asertivo que les muestre que hay otras personas con derechos que respetar y que también los suyos son importantes.
      Te entiendo en lo de escolarizar, 24 horas son muyyyyy largas 😉 y sí, horrible lo que se estudia en educación infantil, deseo que haya muchas mentes críticas y que con tu aportación vean una ventana diferente.
      Muchas gracias!

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